jueves, 23 de agosto de 2007

THE WHO

Anoche, mientras cenábamos, los tres se acercaron a la mesa. Parece que siempre tienen hambre, aunque se les atiende a diario; la razón, creo, es la soledad del día, de ahí la algarabía al vernos regresar y su danza compulsiva.

La mesa toda rebosa amor y modestia, y nos miramos con complicidad mientras probamos nuestro exquisito bocado. Pero ellos no tienen bastante con su plato, toman del mío, del de ella, y de toda una legión si la hubiera. Mientras transcurre la cena se miran, se pelean, canturrean en un idioma diferente que sólo ellos entienden.

Uno se fija en mi barba, y se acerca a observarla, la toca y asiéndose a ella comienza a zarandearla y a tirar. Los otros dos siguen con su voracidad. Uno de ellos descubre el agua y decide bañarse rememorando quizás una de esas fuentes públicas que tantas veces ha visto. Mientras, el otro va a lo suyo, aunque pronto repara, mira y se acerca. No creo que piense que es una pila de agua bendita pues se queda quieto, y entonces yo lo salpico con el dedo, y él se pavonea y contorsiona, parece que le gusta, se acerca de nuevo y repito: ahora se retuerce, levanta la cabeza, y de gozo entorna sus ojos.

Los otros se embelesan con él y su ceremonial. Y a mi me recuerda a Santa Teresa, porque levita, sí, levita, se eleva sobre la silla, y sobre el respaldar de puntillas se queda, extasiado, colgado.

De pronto chilla de gozo, y me descubro la cabeza quitándome el yelmo protector ante el asombro que me causa, y me acuerdo del Gran Hacedor al que me encomiendo tras semejante visión. Recojo la mesa, nos apartamos dejándoles a ellos en su particular ritual, y nos acomodamos en el sofá. Un poco más tarde nos acostamos, los dejamos hasta mañana, un nuevo día.

5 comentarios:

Leuma dijo...

Presencias y rituales que perturban pero con ternura, a diario, y sin cuyos juegos esos días tendrían mucho menos sentido,

Un beso, gracias por tu visita.

Julián dijo...

¿Sabes qué me ha parecido este cuento, qué he tenido en la cabeza, todo el rato, mientras lo leía?

A Kafka, del cual me he empapado desde hace meses de todos sus cuentos. Y esto me ha recordado a sus pequeños cuentos, a ese realismo mágico que tan genialmente está escrito. Y eso, amigo, no es nada malo...

Un saludo.

http://lapalabra.wordpress.com

Makiavelo dijo...

Gracias Leuma por tu visita, creo que lo has cogido al vuelo.
Julián, con Kafka me acuesto, con Kafka me levanto, con mi querida esposa, y el espíritu santo.


Muchas gracias a ambos y nos seguimos viendo.

Isabel Chiara dijo...

Vaya Makiavelo, hacía tiempo que no venía (estoy de cangura).
Cuando llego a casa algo se me sube por el cuello y las orejas y me susurra, me muerde, y se refriega por mi pelo. No sé lo que es, pero me gusta.

Encantada de ver que sigues al pie del cañón.

Un saludo.

makiavelojohn dijo...

Ten cuidado Chiara con la boa y los mosquitos, que dejan marca.

Un saludo.