jueves, 9 de septiembre de 2010

LA CARTA


Hace unos días llegó el cartero. Hizo sonar el timbre de la entrada y después subió veloz las escaleras hasta el cuarto piso. Cuando le abrí, cierta sonrisa malévola le hacía castañear los dientes. Al principio no le di importancia, tras firmar el acuse de recibo, leí el domicilio del remitente y lo comprendí todo.

Al ir a mirarle a los ojos, la escalera se había encargado de engullirlo como a una anguila.

Me rasque los pocos pelos que me quedan y rompí el sobre para empaparme del contenido. Simple, muy simple, el alcaide del talego había dado el visto bueno a mi solicitud, y en cuestión de una semana debía personarme en la galera. Volvería a la cárcel, a mi jaula, con todo lo nuevo recién aprendido en la calle, y con hambre. El hambre que me hace desear volver al infierno y a mi jaula. Que me venga el mono, que pueda aullar, y si hacen caso omiso para eso tengo la cuchilla de afeitar. La que me guardo entre los güevos para rebanarme la muñeca en el desespero. Y otra vez a la calle, y otra vez a rular, a cortar y a pinchar. A chorar por necesidad, mamones.

13 comentarios:

mera dijo...

¿Podrías darme las señas del Director del talego que te puede meter pa dentro por caridad?

Makiavelo dijo...

Ya te la pasaré cuando me reponga y salga. Corro peligro aquí dentro.

Amén

Raquel Barbieri dijo...

Me dio escalofríos el imaginar al tipo leyendo la carta y bendiciendo el momento de volver a estar encerrado.
Da la sensación de círculo vicioso.

Muy bueno, Maki
Besos :)

Makiavelo dijo...

Raquel, para muchos es la solución. Es duro pero es así.
Para muchos regresar a la trena es volverá casa, diría que mejor. Este país les ofrece un techo y comida segura, aparte de una paga si trabajan, amén de cursar estudios universitarios.

Lo que no encontramos en la calle la inmensa mayoría.

Besos.

GUIDO FINZI dijo...

Mañana te paso una lista de direcciones para que se la remitas al director. Hay tantos sueltos, que deberían estar encerrados, que en breve van a tener que ampliar los muros de las prisiones.

Un saludo

PD: Este post me gustó particularmente

Makiavelo dijo...

Guido, hay que empezar a contar los que no lo son.

Me imagino que la lista la encabezarán los de los trajes y la gomina.

La espero ansioso.

Saludos.

Agustin dijo...

Excelente texto, Makiavelo. Breve pero con efecto, con duende.

Makiavelo dijo...

Gracias Agustín, salió el lado canalla.

Saludos.

Anónimo dijo...

Maruxela dijo:
En el infierno es fácil meterse por comodidad.El problema radica en cuanto tiempo soportas ese calor opresivo.Hay que salir rápido antes de que te quemes.Se puede.Lo importante en esta vida, es saber afrontar los problemas y no dejarnos vencer a la primera, sean del tipo que sean y sé lo que me digo.Hay que ser fuertes y te digo una cosa , no se necesita mucha ayuda,mas bien ganas.Uno se mete en malos caminos porque no se quiere luchar.

Anónimo dijo...

Una vez más, con el conocimiento absoluto y descolorido de la confusión, el día avanza lleno de sueños ocultos que se muestran tras hojas empantanadas de angustia inútil e impuesta; sueños arrastrados precipitadamente por mi interior repleto de teorías absurdas… Sí, mi interior visible, que acepto, con las dudas de saber la exigencia de esta desolación, de este pensamiento vago mojado de orillas intocables, frías e irrespirables, que te asfixian con soluciones inalcanzables e inoportunas… No existe ese instante —no hay tiempo— de convencerte, de aceptar que miraste siempre hacia el mismo lugar, estás cansado y aislado, pero aún con ganas de moverte, de contagiarte de otras emociones, de remar a favor de la corriente, de continuar soñando tus propias ironías —¿por qué no?—… , consiguiendo renacer y reconstruirte aún sin saber qué es lo que quieres o no.

Absurdo, todo es un absurdo…

Sin embargo, el placer de analizar el dolor es endorfínico y ahí estás, chutándote el líquido doliente de tus sensaciones al desgranarlas y transformarlas en aromas putrefactos. Y lleno de este bálsamo febril e irritante de sufrimiento autoinfligido, tropiezas con la superioridad que da el ser soñador, buscando la manera práctica de salir del duelo, del bache en el que estás desnudo, tiritando y contemplando la emoción de seguir asomado a la vida. Es entonces cuando abres la ventana para que el aire refresque tus pulmones ennegrecidos y exhalas, con fuerza, las mentiras que te alimentaron y convencieron de la lamentable equivocación de vivir contigo mismo.

Carmen Marina Rodríguez Santana dijo...

Me ha encantado este texto. Tan original en su vocabulario y en su trama. Muy duro pero tan real como la vida misma, más aún en los tiempos que corren en este bendito País. Enhorabuena, Maquiavelo.

Makiavelo dijo...

Anónimo el conocimiento puede hacernos parecer que todo es absurdo o no.

Me gustó, gracias por el comentario.

Ya sabes que estás en tu casa.

Makiavelo dijo...

Carmen, gracias por la visita y tus palabras.

Saludos.