domingo, 10 de febrero de 2008

VIAJE SIN RETORNO

Los domingos prefiero regresar al trabajo en autobús en vez de usar el metro, tras la experiencia de Carlos. Cuando he accedido a la parte trasera, y he ido a tomar asiento entre la fauna canina previamente posicionada, he encontrado especimenes variopintos con sus botines de marca sobre los asientos destinados a la tercera edad. Cuatro de ellos, como poseídos, se disputaban el protagonismo por las visitas realizadas al talego, donde el cuñado de una se hospeda circunstancialmente desde tiempo inmemorial para ella. Comentan sin rubor, sin prejuicios, que el padre del recluso en cuestión se niega en rotundo a volver a visitar al maromo los domingos, ya que considera que debe gestionar asuntos más importantes, su apretada agenda carece de hueco. La pava, de dieciséis no más, chilla impotente a la otra paria: ¡el pobre lo está pasando muy mal, lo tienen asfixiado en el talego y su estancia allí va para largo!.

De los cuatro bajan dos, la parejita macarra. Las dos tórtolas con las que comparto espacio continúan su perorata -la audición en estéreo la recreo con la lectura sobre la financiación de las televisiones autonómicas-. En ese lapsus de tiempo me percato de que no apartan la vista del joven que llevo sentado detrás, lo han marcado y se lo disputan como botín de guerra. Cuando el autobús llega a mi parada me bajo tranquilo, respiro aire puro, me aparto, dejando que el autobús prosiga su camino hacia el infierno y las saludo con la mano despidiéndome aliviado.

Tórtolas carne de cañón, condenadas a malvivir antes de ser concebidas. Mal paridas con rebotes tras la boda de sus progenitores por el sindicato de las prisas, alimentadas a trompicones con el fruto de tirones de bolso motorizados. Perlas cultivadas, bajo la denominación de genéricos, entubadas en un viaje sin retorno.
Chao.

12 comentarios:

atikus dijo...

La verdad es que viajar en transporte público tiene sus cosas buenas y malas, yo soy un gran cotilla, me divierte muchisimo ir en metro para observar a la gente, ademas de enamorarme un montón de veces, incluso en trayecto con muchas paradas puedo enamorarme de una chica, que se baje esta y otra la releve...ah...lamuuggg!!!

en cuanto a olores u otros peligros también claro, no va a ser todo positivo!

saludos

Sibyla dijo...

A mí también me divierte mucho ir en autobús. Uso ese tipo de transporte para ir al trabajo, todos los días, y me encanta observar a las personas.
Me sorprendo, queriendo adivinar qué vidas esconden detrás de sus rostros y acicalamientos.

Pero en especial, las tórtolas de carne de cañón, son dignas de lástima, tanto por haber nacido y crecido enesos guetos, como por no sentir el deseo y la necesidad de salir de ellos.
Como bien dices, real como la vida misma...
P.D: Muy bueno el guiño que has hecho a nuestro amigo Carlos, por ahora en paradero desconocido...

Saludos!:)

Eva dijo...

Yo sobrellevo el transporte público como un mal necesario, pero me encanta ir en coche a mi aire.

Lo de las tórtolas es una muestra de lo dura que es la vida y como la gente parece tener marcado su destino antes incluso de su concepción. Triste...

Un beso.

Ichiara dijo...

Si yo te contara lo que he llegado a presenciar en el autobús un viernes tarde... Mi linea, además, pasa por una zona shotgun, donde suben y bajan tórtolas, gallos, toros enfuresíos, gallinas cluecas, etc. Cuando veo a madres con críos pienso en ellos y en cómo van a poder salir de esa maraña. El que lo hace, mérito doble.

Ayyyyyyy, qué dura vida ésta!

Besos y saludos a Ahmed.

Makiavelo dijo...

Atikus, el transporte público tiene su ingredientes particulares, hay que aceptarlo tal cual. Yo intento aprovechar ese tiempo para leer, pero no siempre consigo concentrarme.

Saludos.

Sibyla, si sabes mantenerte a distancia lo disfrutaras como una película de Fellini, en ocasiones las tórtolas se salen del guión y hay que apartarse, algunas lo tienen complicado para escapar de su destino.

Saludos.


Eva, afortunada que tienes carnet y coche, para elegir.
Las tórtolas que conozco lo tienen crudo y duro, se sienten las reinas de la calle y cuidadito con pasarte que van armadas.

Besos.

Isabel, La tórtola es una especie protegida, por lo que cuentas parece que dejaron el parque por el autobús, quizás el cambio de aires les siente bien.

Ahmed está de gira, volverá...

Besos.

James Joyce dijo...

Carne de cañón es la expresión que mejor las define. No me ha hecho falta verlas para imaginarlas, la descripción delata un claro estereotipo.

Saludos!

Carlos Paredes Leví dijo...

Usted se la pasa haciendo cosas muy raras, amigo...!!!!. No tiene bastante con el metro que además tiene que alternarlo con el autobús ??!!!
Vaya caminando, ya verá cómo a través de las piernas llega al entendimiento de muchas cosas...
Saludos.

Makiavelo dijo...

James, vayas donde vayas, Coruña, Barcelona, Madrido o Pernambuco los estereotipos son los mismos, cambia el acento, que las hace parecer graciosas.

Saludos.


Carlos, Me alegro de tu regreso, los transportes públicos son una buena fuente de inspiración, ya sea el metro o el bus.
El andar es muy sano y lo suelo practicar, también deja ver otras miserias igual de ilustrativas, tomaré nota.

Saludos.

Martín Bolívar dijo...

La conclusi'on que saco, en mi modesta opini'on, es que el relato es crudo y real y demuestra que lo que fala a la sociedad es la paternidad/maternidad responsable.

Makiavelo dijo...

Martin, tienes toda la razón, en determinados lares faltan esos progenitores responsables.
Es un problema que en ocasiones se arrastra de una generación a otra.
Por desgracia, son el pan nuestro de cada día.
Esperemos tiempos mejores.

Un saludo.

Sergio G. Rabadá dijo...

Excelente, excelente, excelente entrada.

Tu manera de narrar es asombrosa.

Un abraso.

Makiavelo dijo...

Sergio, gracias por tu visita, el entorno está lleno de anécdotas que en ocasiones resultan extravagantes. Intento dibujarlas con cierto humor.

Saludos.