domingo, 8 de junio de 2008

MIDORI GREEN

Midori Green había consumido, antes de tiempo, un par de películas en la televisión que prendieron su atención, despertando una temprana afición por la lectura y, más adelante, por la escritura. Su patología le llevaba a extremos discordantes. No me gusta el café azucarado. Calamar vigilaba de cerca sus textos, de los que ansiaba le embargaran hasta el paroxismo. Había sido condescendiente con él, concediéndole la fortuna de que la ventana de su habitáculo permaneciera sin barrotes el tiempo que se hospedara en el centro. La decoración del cuarto iba acorde con la vestimenta del joven erudito, cuyo atuendo relucía como el verde de hoja de cualquier cítrico.

En las oscuras noches de luna llena, desde la ventana, se precipitaba al vacío en busca de aventuras que previa digestión vomitaría de forma sofocada sobre los folios que Calamar anonimamente introducía por debajo de la puerta de su celda cada mañana. Un misterio traía de cabeza a Midori Green: la fantasía de escribir en femenino siendo masculino. De siempre había estado convencido de que las novelas cuyos protagonistas eran hombres estaban escritas por varones, y las que relataban ficciones femeninas eran obra de señoras elocuentes. Calamar no intervino en resolver sus pajas mentales, cuya solución vendría de la capacidad del autor por desarrollar un texto más allá de resolver el misterio que escondía su entrepierna.

Pasado un tiempo, la lectura casual de James Patterson lo abrumó, aunque el éxito en ventas que le precedía no cuadraba con el contenido vertido en sus libros. Lindsay Boxer, protagonista de la saga de Patterson, se le antojaba como una especie de travesti con andares a lo John Wayne desmembrándose por las calles de San Francisco.

Una mañana, una cinta de video convenientemente abandonada de nuevo de manera anónima junto a su puerta, pareció albergar clarividencia sobre sus puntuales dudas. Búfalo Bill, el protagonista de la cinta, se recrea en el reflejo que de su cuerpo le devuelve un mugriento espejo. Unos atributos mal asumidos parecen la causa de un problema que con ayuda de sus manos esconde entre sus piernas hacia atrás, lo que le confiere una apariencia femenina. Trasformado en la fachada que anhela, se recrea con la nueva figuración que le hace sentirse mujer.

Visionada la cinta, Midori Green se plantea si Patterson, para dar vida a Lindsay, esconde sus testículos entre las piernas para hacerla creíble como mujer. A Midori Green le gustaría escribir una nueva versión sobre Caperucita Roja, pero no hay quién oriente sus conjeturas para no resultar risible.

16 comentarios:

Carlos Paredes Leví dijo...

Me ha hecho usted sonreir, Maestro y eso no es fácil hoy en día. Tiene un estilo ecléctico y onírico que me gusta, por eso vengo con tanta frecuncia por su casa. Lástima que se prodigue menos de lo deseable (al menos por mí).
Un saludo y dos cosas:
- a mí tampoco me gusta el café azucarado
- el otro día, un tipo me dijo que John Wayne era gay.

Sibyla dijo...

Siempre me asombró la capacidad de poder escribir, asumiendo en primera persona la identidad del sexo opuesto, y a la vez hacerlo creíble.
No sé si será cuestión de cierta investigación e información, o por el contrario de mucha observación.

Midori Green podría escribir el cuento de Caperucita, utilizando como personaje central a "El lobo" con voz en off como narrador...
Veo que el Dr. Calamar es muy sagaz
haciendo llegar todo el material pertinente para que Midori pueda continuar plasmando toda su inspiración.

Un abrazo:)

Laluz dijo...

Una vez, en mi blog anterior, escribí un texto con voz masculina (aunque no escondo nada y mi entrepierna no guarde misterios). De todas formas creo que fué tramposo o autoengañante, porque en lo más profundo de mí, la que escribía era mi voz de mujer, o lo que me hubiera gustado escuchar...

Makiavelo dijo...

Carlos, ando falto de tiempo y me acerco al blog de madrugada o bien entrada la noche.

John Wayne no me gustaba como actor y no creo que perteneciera al tercer sexo.

Saludos.


Sibyla, muy cercano tenemos el caso de Isabel con su trama negra. Para Midori, lo de Patterson es un poco fuerte, quizás ahora lo haga mejor que entonces.

Seguro que Calamar está al quite y lo auxilia.

Abrazos.


Laluz, me gusta tu sinceridad. En ocasiones lo he intentado como cuadrúpedo, exige mucha concentración y esfuerzo, el experimento tiene sus recompensas.
Sometimes son lágrimas.

Besos.

Ichiara dijo...

Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas... Cuarto verde, tras la ventana el verde... Dios mío, pero cómo esta criatura no iba a soñar con Búfalo Bill. Me temo que el mocito es un aprendiz de psicópata que sueña con la caperucita roja como contrapunto a su patología bisoña, cetrina.

Me partía de risa Makiavelo, porque he revivido la escena de Búfalo Bill delante del espejo cantando. Es buenísisma.

¿Por qué no inauguras tú la nueva Academia de Letras? ¿Y el otro proyectito de cosa comunitaria?

Un beso

Carlos Paredes Leví dijo...

Claro, y como no le gusta el café azucarado, toma esos hierbajos raros que le provocan alucinaciones, no ??

Ichiara dijo...

Carlos, las infusiones de Makiavelo varían del verde claro al oscuro con toda su gama cromática. Seguro que una de ellas tiene el ingrediente mágico.

Carlos Paredes Leví dijo...

Isabel:
Yo, cuando leo a Makiavelo, siempre tengo la sensación de que está tomando algo...

Makiavelo dijo...

Que les quede claro que soy abstemio y los hierbajos que mastico son lechugas, escarolas y espinacas ¡como Popeye!

Soy enemigo de los humos.

Saludos.

Pd: Una cosa es estar colgado y otra estar colocado.

Leuma dijo...

Hay muchas historias escritas en masculino siendo femeninas, hay menos al contrario, pero en realidad ambas partes están en todos. Quizá Caperucita pudiese ser un chico disfrazado, un beso

Makiavelo dijo...

Leuma, me da alegría saber de tí, y tienes razón.
Las mujeres cuando han creado personajes masculinos y los han hecho hablar, han sido mucho más creibles que a la inversa.

Caperucita es todo un misterio.

Besos. Regresa pronto.

Eva dijo...

Las mujeres en las novelas de autoría masculina siempre aparecen como seres torturados o con una sexualidad tan desmedida que da risa. La escritora, en cambio, suele dotar de una profundidad a los personajes (ya sean hombres o mujeres) que los hace para mí mucho más intesantes.

Sobre Caperucita, mejor que escriba la abuelita, así todo queda en casa.

Besos.

migramundo dijo...

Hermosa imagen la del travesti con andares a lo John Wayne, aunque no creo que tuviese mucho éxito... ¡Genial! Saludos.

Makiavelo dijo...

Eva, coincido con tu opinión, hay una serie de estereotipos con los que se suele caracterizar a los personajes femeninos.

Reconozco que los ejercicios de intronspección tanto a la hora de escribir como de actuar son complejos y difíciles.
Pocos dan la talla.


Sería un buen ejercicio escribir el cuento de Caperucita desde el punto de vista de la abuela. Todo un reto.

Besos.


Migramundo, espero que James Patterson no se enfade por ese pensamiento.

Saludos.

atikus dijo...

Pues pasearse como un travesti a lo John Wayne, no se no se...bueno es cierto tenía siempre una mano que dejaba suelta, jaja...es verdad, aunque en San Francisco quizás no le hicierán mucho caso eh!!

Makiavelo dijo...

Atikus, me quedé perplejo con el movimiento de mano de Wayne, desconocía esas otras aficiones. Lo consideraba como el prototipo del machorro paleto.

Saludos.